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¿Y si no es pereza… sino agotamiento sostenido?

Foto del escritor: Lina Buitrago
Lina Buitrago
9 ago 2025
4 min de lectura

Actualizado: 13 ago 2025

En una entrada anterior exploramos la procrastinación como patrón de conducta: sus raíces en creencias limitantes, estrés y formas de postergar lo que dilatamos porque su propósito no está claro. Hoy quiero explorar un poco más allá: La realidad que afecta especialmente a mujeres en contextos reales de la vida.


Procrastinación en tiempos de agotamiento emocional


Vivimos en una cultura de hiperproductividad que exige todo, siempre, ahora. Pero muchas mujeres no procrastinan por flojera: procrastinan porque están saturadas, carentes de recursos emocionales y con obligaciones invisibles.

Una investigación longitudinal con más de 3.500 estudiantes suecos demostró que altos niveles de procrastinación se asociaron con depresión, ansiedad, dolores físicos, pobre calidad del sueño, inactividad física, soledad y dificultades económicas.


Estas son consecuencias reales: no causas motivaciones. Por eso, el enfoque de productividad consciente deja de ser “hacer más” y se convierte en “hacer desde lo posible y con sentido”.

Del síndrome de salvadora a la procrastinación que no reconocemos


A veces no somos realmente conscientes de cómo nuestra energía vital se dispersa en pensamientos, acciones y preocupaciones centradas en los demás. No es que otras personas no sean importantes o no las valoremos, sino que caemos en una permisividad emocional que nos vuelve el soporte constante de sus vidas: sus trabajos, sus desafíos, sus familias, sus dudas. Y todo eso, sin darnos cuenta, nos drena.


Recibimos mensajes sutiles o directos de miedo, duda o dependencia por parte de nuestra red de apoyo, y sin saberlo, dejamos que nos condicionen, incluso antes de intentar algo por nosotras mismas. Como mujeres, muchas veces criadas para cuidar, controlar y sostener, sentimos que tenemos que hacerlo todo… pero no.


Del libro Mujeres que aman demasiado encontré esta frase: “Desembarácese de su ego y permita que el otro viva las consecuencias de sus actos”. Comprender esto, aceptarlo y ponerlo en práctica puede aligerar nuestra carga más de lo que imaginamos. Ser conscientes de nuestra individualidad y de lo que le toca trabajar al otro —y a nosotras— es un acto de liberación profunda.


En otro estudio reciente se concluyó que la procrastinación del sueño (“bedtime procrastination”) está relacionada con síntomas depresivos en mujeres, incluso cuando no hay un diagnóstico previo de depresión.


Cuando se habla sobre mental load o carga cognitiva, se evidencia que las mujeres (aun trabajadoras) suelen asumir la mayor parte de la organización del hogar, el cuidado emocional y la logística familiar, lo que genera fatiga emocional y mental prolongada.

No es que tengan más tareas externas; es que además llevan tareas mentales constantes y no visibles que nadie reconoce… hasta que explota.



Contexto económico : la carga invisible de muchas mujeres


Otro factor determinante en la procrastinación, y que rara vez se aborda, es el económico. Las mujeres que trabajan en turnos partidos, extensos o incluso dobles jornadas enfrentan una realidad distinta: su tiempo se encuentra profundamente condicionado por la necesidad de generar ingresos.


Esta dinámica no solo limita la posibilidad de alimentarse en horarios adecuados o acceder a alimentación de calidad, sino que también reduce el margen para realizar ejercicio o participar en actividades de bienestar.


La consecuencia es una energía vital disminuida, muy diferente a la de quienes cuentan con privilegios y mayor autonomía sobre su tiempo. En este contexto, no es extraño que muchas mujeres no logren terminar sus estudios, iniciar un emprendimiento proyecto o incorporar hábitos saludables.


No se trata de falta de motivación o disciplina, sino de la ausencia de un recurso fundamental: el tiempo, estrechamente ligado a las condiciones económicas.


Entonces ¿Es una cuestión individual o colectiva?


Si bien existe un trabajo importante que cada persona puede y debe realizar desde su responsabilidad individual, también es innegable que el bienestar no depende únicamente de la fuerza de voluntad. Las políticas públicas, las comunidades y las empresas tienen un papel fundamental en la creación de entornos que favorezcan una vida saludable y equilibrada. Implementar planes y programas de bienestar que realmente generen un impacto positivo en la calidad de vida de las personas no debería ser un privilegio, sino una responsabilidad compartida.


¿Por dónde empezar hoy? Desde la persona


Estos son puntos firmes desde los que podemos comenzar a explorar:


  1. Escúchate sin juicio. ¿Estás cansada o estás desconectada de ti?

  2. Cuestiona tus prioridades. ¿Eso que dejas para después es tu verdadero propósito o una expectativa ajena?

  3. Diseña un ritmo posible. Uno que respete tu contexto y tus ritmos de energía.

  4. Construye tu red. Porque no todo se puede gestionar sola. No todo es responsabilidad individual.

  5. Autoconocimiento y autogestión:

    • Saber cuál es tu estilo real de postergación.

    • Entender qué pensamientos o situaciones reales te bloquean.

    • Aprender a tomar decisiones importantes sin presión ni culpa.

    • Autoconversación.


Conéctate y participa


Estoy preparando un espacio, donde podamos explorar por qué muchas veces idealizamos, no arrancamos, postergamos o nunca terminamos, aunque sea nuestro anhelo hacerlo.

👉 Si sientes que esto resuena contigo, escríbeme: puedo compartirte la fecha de la mentoría y el enlace cuando abra inscripciones.

Además muy pronto lanzaré un taller con herramientas claras para mujeres que buscan claridad y acción sin agotarse.


Lina Buitrago.



Bibliografía

  • American Psychological Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.


  • Kabat-Zinn, J. (2005). Full Catastrophe Living: Using the Wisdom of Your Body and Mind to Face Stress, Pain, and Illness. Bantam Dell.


  • Kross, E., & Ayduk, O. (2011). Making meaning out of negative experiences by self-distancing. Current Directions in Psychological Science, 20(3), 187–191. https://doi.org/10.1177/0963721411408883


  • Steel, P. (2007). The nature of procrastination: A meta-analytic and theoretical review of quintessential self-regulatory failure. Psychological Bulletin, 133(1), 65–94. https://doi.org/10.1037/0033-2909.133.1.65


  • World Health Organization. (2022). Mental health and COVID-19: Early evidence of the pandemic’s impact. https://www.who.int/publications/i/item/9789240054205



 
 
 

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